Si estudiaste en el Colegio-Seminario de Rozas y quieres seguir formando parte de esta Gran Familia, de la que fue tu Casa, envíanos un correo a secretaria@rozascs.org y pasarás a formar parte de la base de datos de antiguos alumnos. Así, podrás ser informado de posibles convocatorias o eventos especiales, como los del 50 aniversario. ¡Vosotros sois alumnos que dejáis huella!.

Recuerdos y testimonios

A través de las redes sociales, emails y cartas, hemos ido recibiendo testimonios de antiguos alumnos y educadores que vamos recopilando aquí.

Son recuerdos preciosos que guardamos en nuestra memoria y nuestro corazón.

Os animamos a que sigáis compartiendo con nosotros vuestras vivencias del Colegio –cartas, imágenes fotográficas, etc.-.

11 abril 2004

Hoy ha sido un gran día.
Asistí a la reunión que anualmente celebramos en nuestro querido colegio, y por primera vez iba con mi familia.
Ya desde primera hora de la mañana me encontraba nervioso, mis hijos iban a ver el colegio donde su padre tanto había aprendido.
En al camino se agolpaban los recuerdos, uno tras otro, y uno tras otro se los iba contando a ellos que desde su innata curiosidad, me interrogaban una
y otra vez sobre mil y un detalles. Que gozada.
He de admitir, que todos los años espero con gran júbilo este día, aunque para mi desgracia, no todos he podido asistir, pero siempre que las
circunstancias me lo han permitido, no he faltado.
Todos los que allí pasamos aquellos preciosos años, le debemos al colegio y a sus educadores el gran esfuerzo que hicieron por nosotros.
Aún hoy día siguen haciéndolo para que al menos una vez al año volvamos a estar juntos, y aunque sea por unas horas, sintamos de nuevo ese espíritu de un lugar que marcó nuestro futuro.
Gracias queridos profesores por lo que hicisteis y hacéis por nosotros.

Un abrazo,

Antonio Alonso Priego
(Promoción 1979)

Abril 2004

Me llamo Francisco Javier Ribera Segarra.
La verdad es que guardo muy buenos recuerdos de mi paso por el Seminario, allá por los años setenta y pocos. Dirigia el Colegio D.Francisco, más tarde fue D. Tomas. Me acuerdo de D. Fermin Marcos Priego, de su hermana: la Sta. Milagros, de D. Jose Antonio, de D. Antolin (nos daba música) y en general de todo el cuadro de profesores que en aquella época formaba parte del centro.
He leido el mensaje de José Ramon Buenadicha LLorente y me acuerdo perfectamente de él. (creo que eramos del mismo curso).
¿Os acordais de las excursiones que haciamos al monte “Pelao” y al monte “de la Cruz”?, ¿Y los partidos de futbol en el campo A y B?. (¡Que buenos recuerdos!).
Recuerdo cuando murió Franco: estabamos de excursión en “El Espinar”,os acordais de aquella canción: “El arbol de la montaña …”
Recuerdo a muchos compañeros: Carvajal (el bolita), Ampuero (de Cenicientos), Calderon (que jugaba muy bien al futbol, Jose Luis Cirujano Cañadas etc, etc.
Actualmente vivo en Cádiz. Quizas algún día pueda pasarme por el colegio para enseñarselo a mis hijos.
Para mi el Colegio representó una etapa muy importante en mi vida, y del que guardo muy buenos recuerdos.
Hasta siempre.
“VAMOS NIÑOS LEVANTAR LOS TELARES QUE ES JUEVES”…

16 abril 2004

Estuve en la 1ª promoción con el rector D.Francisco y el profesor de latín era D.Tomas Juarez. Los años que estuve los añoro bastante porque tuve unos profesores y unos compañeros que para mí son mi familia. Entre los compañeros que tenemos contacto son: Pepe Cañaveras, Reyero y también tengo contacto y voy a ver a D. Tomás Juárez que está en el Obispado de Madrid. El año pasado estuve en la comida con vosotros pero de la 1ª promoción vi a ningun compañero, a ver si este año tenemos más suerte y nos juntamos alguno más. Un saludo para todos.

12 febrero 2004

Queridos amigos,
Por casualidad he dado con vuestra pagina y he visto la sección de antiguos alumnos, os adjunto una foto de 1964, año en el que se inauguró como Colegio Arzobispal, con todos los seminaristas y profesores que comenzamos una etapa de la que, para mi y después de 40 años, está presente como el primer día, guardo de ella un recuerdo imborrable.
Muchas noches después de rezarle a la Virgen, como nos acostumbraron a hacerlo mis amados preceptores, aún sueño con mis andanzas por sus instalaciones y entorno.
Mi nombre es Luis Mariano Zorita Valero, el último de la lista y que en los exámenes orales sufría lo que no está escrito hasta que me llegaba el turno.

Recibid un cariñoso saludo.

L. M. Zorita
Nota : Puedes pinchar en la fotografía para verla ampliada. ¿Identificas a los sacerdotes? A la izquierda, D.Tiburcio (administrador) y D.Francisco Martínez. El de encima, con gafas, D.Leopoldo García, profesor de matemáticas. El de la derecha, agachado D. Jesús (padre espiritual y profesor de religión); y el que esta detrás y de pie, D. Tomas Juárez (profesor de Latín, prefecto de disciplina y Rector unos años después). La fotografía es de la primera promoción de Rozas, en 1964.

16 mayo 2004

Mi nombre es Nacho Redondo. Todas las noches recuerdo los buenísimos momentos que pasamos en nuestro colegio. Corrían los cursos 73-74 y 74- 75.(por tanto, la Promoción 1979, ¿no?) y recuerdo el equipo de formadores.(Don Francisco, luego don tomás, como director, don Fermín, que ahora es párroco de mi pueblo: Navalcarnero; don Demetrio y don
José (don Pepe).
Como profesores estaban don Juan Madrazo, la señorita Milagros, don Carlos, don Clemente….Ah! Se me olvidaba don Enrique Brovia y don Antolín….¿Sabéis donde se encuentra cada uno…
Me encantaban las noches de los viernes; los atardeceres por el camino, paseando hasta la carretera….etc.
Pero lo principal de esta carta es que os adjunto un programa del curso 74-75 (yo hacía 8º de E.G.B.). No sé que tal se verá; soy nuevo en esto de la informática. Un abrazo.

Nacho Roco.

13 mayo 2004

Buenos días.
Únicamente expresar mi alegría por este canal de comunicación con los Antiguos Alumnos y con el Colegio. Lamentablemente, nunca he podido asistir al encuentro anual en Rozas, por los innumerables compromisos que he ido tomando en la vida (grupos de chavales, ONGs, etc), pero mi Colegio, el recuerdo de mis compañeros, de D.Fermín, D. Francisco, D. Tomás (con el que sí he tenido bastante contacto como Vicario), la srta. Milagros, el entorno natural impresionante, y los valores con los que allí crecí, son algo que me acompañan siempre esté donde esté.
Como anécdota os diré que en mi época nos despertaban con música clásica (claro, y el “Dad los buenos días al Señor…”). A partir de ahí, he seguido oyendo música clásica (además de otras), y la utilizo en el trabajo con menores, campamentos de integración, etc.
Nada más. Sólo era para deciros que ¡aquí estoy!, contad conmigo, y muchas gracias por todo.
Un abrazo

Pedro Carlos Quintana

19 abril 2004

El Colegio-Seminario de Rozas de Puerto Real fue una gratísima experiencia humana e intelectual, que me ayudó a crecer en medio de las dificultades inherentes entre los 10 a los 14 años, donde tantas dudas se plantean.
Ahora ya, como Abogado veterano, agradezco todos los momentos vividos con mis profesores y compañeros y amigos, al haber ilustrado una parte significativa de mi vida, llena de simpáticas anécdotas y un marco incomparable para el deporte y la vida sana.
Saludo a todos los veteranos de mi promoción, y os recuerdo que fui el primer “Jefe de Dia”, y que nos dieron para merendar pan con membrillo…

Rafael Puyó

6 enero 2011

Tenía 10 años recién cumplidos cuando ingresé en el Seminario Menor de Rozas de Puerto Real para cursar el primer curso de Bachillerato. El curso escolar había empezado hacía unos días por lo que mis padres me llevaron en coche hasta allí. Tras presentarme al sacerdote que nos recibió y despedirme, se marcharon. Empecé entonces una nueva etapa en mi vida que habría de prolongarse hasta tercero de bachillerato, después iría al seminario de Alcalá de Henares y al de Madrid, en la Calle Jerte.
Recuerdo que al llegar, a media mañana, todo el mundo estaba en clase. Me llevaron a los dormitorios y me asignaron un pequeño cuarto, no una camarilla. Los dormitorios, cada uno bajo una advocación de la Virgen, eran grandes salas divididas en pequeños espacios, las camarillas. Se trataba de tabiques en forma de U con una cortina al frente en cuyo interior había una cama y un armario. Don Leopoldo, el sacerdote que enseñaba matemáticas, fue el primero en saludarme y presentarse. Lo hizo tres veces en el mismo día: “Así que tú eres el pequeño belga que se incorpora ¿no? Yo soy Leopoldo. Bienvenido”. Era un poco despistado.
El Seminario era un inmenso edificio situado sobre una colina rodeado de prados, bosques y montañas, a unos cinco kilómetros del pueblo más cercano. Rozas de Puerto Real, Navahondilla, Sotillo de la Adrada y Casillas eran los pueblos próximos a los que nos acercábamos los miércoles cuya tarde era libre. Se trataba de un ritual: marchar deprisa en grupos de amigos, llegar al pueblo, ir al bar o a una tienda y comprar pipas o tomarse un vaso de casera y, en ocasiones, una “torera” y emprender el regreso.
El edificio principal estaba rodeado por algunas construcciones: la casa de Don Tiburcio, a la entrada, que era una pequeña casa en la que residía un sacerdote muy mayor que había sido administrador del Seminario, unas cocheras, un edificio donde vivían los trabajadores, el Tío Eugenio y el Tío Eusebio que padecía Parkingson, “los pajares” y las “cochiqueras”. El Seminario contaba con unas instalaciones ganaderas con vacas, gallinas y cerdos con los que se aprovisionaba en parte la cocina. Había personal de cocina y de limpieza con el que también trabajaban las monjas, las Hermanas de la Caridad. Recuerdo especialmente a la Sra. Concha, la cocinera, a la Hermana Altagracia, a la Sra. Carmen y a muchas otras cuyo nombre he olvidado, pero no sus caras, ni el trato siempre cariñoso que me dispensaron.
Éramos más de 200 alumnos que cursábamos 1º y 2º de bachillerato. Para todos fue una inmensa alegría cuando el Obispo decidió que íbamos a cursar 3º también en Rozas en lugar de pasar al Seminario de Alcalá. Contábamos con tres campos de fútbol, una pista de baloncesto, un campo de balonmano, un frontón y una piscina al aire libre que sólo se usaba en el último mes del curso y aún así con una agua muy fría.
Durante las primeras semanas fui “adoptado” por los de 2º con quienes pasaba la mayor parte de los recreos. Después tuve mi pandilla, mis amigos: Saúl, Manolo Ortega, Queco y Jesús Ortega principalmente. Juntos pasábamos la mayor parte de las tardes. Nuestro lugar favorito eran “las cataratas”. Un rincón del arroyo situado junto a una chopera camino del monte por excelencia de la zona, “el Pelado”.
Nos despertaban por la mañana con música: “Bendita sea la luz del día…” era la estrofa inicial de una de las canciones. Mozart, Beethoven, los arreglos de Waldo de los Ríos o María Ostiz eran nuestros 40 principales matutinos. Tras asearnos y hacer la cama (había que deshacerla entera y volverla a hacer) había que bajar y pasar la inspección de los zapatos limpios. Estaba prohibido bajar a la planta baja por el último tramo de la escalera principal. Había que dar un rodeo y bajar por la escalera del campanario.
El desayuno podía ser, en pleno invierno, una incógnita pues en más de una ocasión la nieve impedía llegar al panadero. De todos modos, invariablemente, se empezaba a desayunar tostadas de pan del día anterior seguido de pan del día.
Por las mañanas clases. Por las tardes dos largos recreos interrumpidos por una hora de clase y por la merienda. Al anochecer, estudio en una gran sala donde teníamos nuestros pupitres y vigilados por alguno de los sacerdotes. Misa voluntaria en medio del estudio. Después la cena, algo de tiempo libre que mis amigos y yo aprovechábamos muchas veces para ir con linternas a las cochiqueras para ver nidos de golondrinas y, sobre todo, porque estaba prohibido y era una aventura hacerlo. Paso por la Capilla y a la cama. En 1º, ducharse era una aventura. Las duchas, situadas en el sótano, no contaban que llaves individuales para regular la temperatura del agua. El tío Eugenio, un hombre muy mayor, estaba encargado de regular la temperatura con dos llaves principales. Los gritos se sucedían: “más caliente”, “más fría”, así hasta alcanzar una temperatura aceptable.
En 2º se organizó un Grupo Scout y fuimos encuadrados en patrullas. Cada Patrulla disponía de un pequeño habitáculo en el pajar y de una pequeña parcela en el bosque, junto al arroyo, en la que construimos cabañas. El día que le tocaba de “servicio” a tu Patrulla, nos ocupábamos de vigilar la limpieza de zapatos, de que todo el mundo saliera al recreo en chándal, de tocar la campana para señalar el fin de las clases, de tocar la sirena y de hacer un mural informativo.
Jugar al frontón, a la “bigarda”, al clavo, recorrer aquellos montes, los bosques de pinos, seguir el curso del arroyo, cazar grillos, renacuajos, culebras, recoger castañas y níscalos en otoño, espárragos trigueros en primavera, plantas aromáticas, hacer carreras con barcas de corcho por las acequias eran actividades con las que disfrutaba constantemente.
Rozas de Puerto Real, el Seminario, fue mucho más que un colegio. La gran familia de la alegría rezaba una pintada en el frontón. Y para mi lo fue. Es cierto que los domingos por la tarde me costaba y entristecía dejar mi casa para volver al seminario. Cogíamos el autobús a las 8 en las Vistillas, en Madrid y llegábamos casi a las 11 a Rozas donde nos esperaba un vaso de leche con galletas. Me costaba el trayecto. Me entristecía. Pero aquellos religiosos y seglares que nos cuidaban, enseñaban y educaban hacían del Seminario algo muy parecido a una familia. Don Francisco, el Rector, D. Eduardo, D. Tomás, D. Fermín, D. Carlos, La “Seño”, D. Vicente, D. Antolín, D. Manuel, D. Javier y tantos otros fueron más que simples profesores. Fueron formadores y nos transmitieron valores que en mayor o menor medida calaron en nuestras vidas. Para todos ellos no puedo tener más que palabras de cariño y de profundo agradecimiento. Tuve mucha suerte por haberles conocido. Tuve mucha suerte por haber estado en el Seminario de Rozas. Fueron siempre un testimonio de esa Iglesia comprometida y que desgraciadamente nunca es noticia. Siempre les he tenido y les tendré presentes.

Santiago de Munck Loyola

Hola, queridos compañeros de Rozas! ¡Que alegría haber conocido este medio de comunicación con mi antiguo colegio!
Me llamo Saúl y soy el hermano de Eduardo Rivas, que fue profesor de nuestro Cole: ¿Os acordáis? Nos daba francés y, esporádicamente, matemáticas cuando se fue D. Leopoldo y antes de que llegara la “Seño”.
Que recuerdos más bonitos tengo de allí. Que tres años más maravillosos pasé con vosotros. Creo que mi promoción fue la primera que estuvo tres años seguidos; hasta tercero de Bachiller. Luego pasamos a Alcalá de Henares (¿Os acordáis de D. Fidel? Que hueso, ¿no? ¿Y del “Pesca?).
Son cientos las sensaciones y olores que aún me vienen de allí: Todo me recuerda al El Valle de El Tietar. Recuerdo la música del despertar matutino: El “Bendita sea la luz del día” y luego María Ostiz con el “Yo me vi rodeando el Mundo”. Más tarde, con la entrada de D. Antolín ya fue la música clásica. Continuábamos con un “Buenos días en la Capilla” y ¡a estudio!Que pesadez. Yo sólo pensaba en el desayuno: Café o Cacao con pan y mantequilla o mermelada o bocadillo de salchichón mojado en el café (cosas de niños) o de torreznos o huevo frito. ¡Y a clases, a esperar el recreo!.
Recuerdo a las monjitas que con tánto cariño nos cuidaban: A Sor Milagros (“Sor Paella” como la llamábamos con cariño), Sor Altagracia, la monja negrita y las otras. También a la Cocinera, la señora Concha; la de la lavandería, “la Feli”; a las chicas que servían las mesas, “la Cefe” “la Puri” y la “Humi” que a todos nos gustaba. A las señoras de la limpieza… ¿Y del “tío”Eugenio, el “guitarrista?, ¿y del “tío” Eusebio que nos dejaba entrar a dar de comer a los cochinos?
En fin, podría seguir escribiendo cientos de anécdotas de allí, pero sería demasiado largo y temo que os aburra. Además, ahora estoy algo liado con mi trabajo, pero prometo enviar fotos de, por ejemplo, cuando se hundió el gimnasio, de D. Tomás tras sufrir el accidente de coche ayudándole D. Francisco a caminar (con sus permisos) , de D. Manuel disfrazado de Cardenal y de D. Leopoldo parodiando y ridiculizando a Hitler para una fiesta que hicimos, de una representación teatral dirigida y “orquestada” por D. Antolín (“Voy a la casa del Señor Varón, que gran Señor, que gran Señor…”), de mi “pandilla”, Santiago De Munk, Manuel Ortega, Keko, Lelo,… de cuando fue a visitarnos el arzobispo Casimiro Morcillo y posteriormente Calderon (Se llamaba asi?), de D. Eduardo cuando tenía pelo y fumaba, de Don Tiburcio haciendo guardia frente a la “casita”, de D. Carlos explicándonos la morfología de la lagartija, de la excursión a Santiago de Compostela o a Salamanca o a Guadarrama. ¿Y alguien se acuerda de la primera promoción? Yo los conocí porque tuve la fortuna de ir a pasar un verano con ellos: Vilches, El Vasco, Jose Miguel, Dugan, un negrito que decía que su bisabuelo fue jefe de una tribu caníval (Yo, entonces, me lo creía), ¿Y de los Boys Scout capitaneados por D. Tomás? (Patrulla los Búfalos, Los Halcones, Los Linces…) ¿Y del conjunto musical “Los Stereogüels”?, ¿Y quien se acuerda de Armando Arribas que murió por una infección renal?, ¿Y del mejor portero que hubo? Zúñiga, que le faltaba el esternón y paraba el balón con el pecho mientras los “profes” se echaban las manos a la cabeza pensando que “¡Aqui se nos queda!” También recuerdo a D. Luis Lezama (el de los toreros, como el Burmujano, el de los restaurantes, como la Taberna de El Alarbadero) cuando hizo un
reportaje, primero con diapositivas y luego en Super-8 sobre la vida en el seminario. ¿Donde estaran esos documentales?
En fin, son tántas las cosas de Rozas en mi vida… Fijaros que hasta me casé alli. Un saludo para todos los que seguimos formando la Gran Familia de la Alegría y a los que Rozas nos improntó la vida de Jesús y de María en nuestras vidas (Semanas Santas irrepetibles visitando Monumentos o representando la Pasión -D. Francisco: Jesucristo; D. Eduardo: narrador; D. Tomás: los “malos”- Rosarios preciosos en Mayo por aquellas veredas de primavera…). Que os conste que, también recuerdo el tortazo que me dieron (y no digo quien) cuando me pillaron fumando el los servicios.

P.D.:Prometo que, en cuanto pueda, envío todas las fotos que tengo.

1989

“Un cuarto de siglo de historia”
En Rozas de Puerto Real, justo donde empieza el Valle del Tiétar, en el año 1933 la Diócesis de Madrid construyó el Seminario de Verano; un edificio alegre y funcional donde los seminaristas pasaban unos días de vacaciones.
En el verano de 1964, el entonces Arzobispo de Madrid, D. Casimiro Morcillo advierte que el Seminario de Madrid se ha quedado pequeño, aún después de la ampliación de la calle Jerte. Ante la demanda de muchos jóvenes y niños que piden su ingreso en el Seminario, se ponen a punto los edificios existentes (Madrid, Alcalá de Henares… y el de Rozas).
Un arreglo podía ser suficiente para albergar a los 137 muchachos que ese año habían pedido su ingreso en el Seminario. Empezaron las obras y en septiembre todo estaba a punto. Don Casimiro envió a este incipiente Seminario Menor a un nutrido grupo de sacerdotes: Francisco Martínez López, como Rector; Tomás Juárez García-Gasco, Prefecto de Disciplina; Leopoldo García García, Secretario de Estudios; Antonio González de las Heras, Director Espiritual; Tiburcio de Miguel, Administrador. Y esta nueva institución de la Archidiócesis de Madrid-Alcalá debía compartir la tarea de formar a los chicos con el Seminario Menor de Alcalá y el de Madrid.
Había que dar vida y forma a tres dimensiones de la formación de los jóvenes: Seminario – Centro educativo – e Internado:
– Como Seminario, el trabajo de formación religiosa y cultivo vocacional se dirige a propiciar una formación cristiana sólida, una vida interior intensa, que preparara a los chicos para descubrir su lugar específico en el mundo y en la Iglesia.
– Como centro educativo, se conjuga la exigencia y el trabajo de los alumnos con la dedicación y buena preparación del profesorado. Se consigue un nivel de conocimiento y el reconocimiento oficial de los estudios. El Colegio-Seminario destaca por el trabajo y dedicación de los profesores que hacen posible una auténtica comunidad educativa, que ayuda a crecer a los muchachos en todas las dimensiones de su personalidad.
– Como internado, se hace un gran esfuerzo en que Rozas sea con sencillez una “casa grande, y familia de alegría”. Ambiente de familia, trabajo, exigencia, responsabilidad, amor, cercanía, presencia, amistad, es el entramado de la vida del Colegio. La nueva casa tenía que ser prolongación de la vida y educación familiar, completando pero no sustituyendo el ámbito familiar. Así se va facilitando el internado para propiciar el encuentro con la familia: Al principio las visitas familiares fueron una vez al mes, después cada quince días y ahora todas las semanas. Encuentros de oración, de formación, convivencias de Navidad, fiesta de fin de curso y viajes.
Así se inició un proyecto que se ha ido consolidando y enriqueciendo. Íbamos creciendo y al mismo ritmo debían crecer las ideas, los planes y las instalaciones, nada se podía quedar «pequeño».
Hasta el curso 1978-1979 los alumnos de Rozas que tenían inquietud vocacional, terminada su estancia -que podía ser de 3, 4, 5 años- continuaban sus estudios en el Seminario Menor de Madrid. En este momento se planteó la opción tomada por otros centros análogos de suprimir el internado. Los alumnos, los padres, los profesores, y quienes tenían la responsabilidad discernieron lo que sería mejor para los alumnos y para la Iglesia. Le sugirieron al Cardenal Tarancón la posibilidad de que en Rozas continuasen los alumnos internos y que se estableciera la posibilidad de cursar BUP aquí. El Señor Cardenal, que desde su llegada a Madrid había seguido muy de cerca la vida de Rozas, vio con agrado la solución y dio luz verde al proyecto.
Esta novedad parte de una convicción: Se quería propiciar una formación cristiana que facilitara el discernimiento vocacional. En lugar de reducir el Seminario Menor de Rozas a “Colegio de la Iglesia” se aspiraba a que fuera Seminario Menor, con la intuición de que todos los colegios de la Iglesia, según el deseo de la Iglesia y del Concilio, habrían de ser iguales en este sentido: ambientes de vida cristiana donde los jóvenes pudieran discernir su vocación.
El Colegio-Seminario de Rozas ha sentido muy cercana la presencia y el cariño de nuestros pastores: Don Casimiro Morcillo estuvo presente y alentó la nueva experiencia; él la puso en marcha y la quiso como propia, gastó muchas horas conversando con los alumnos y sus padres. El Cardenal Tarancón hace su primera visita a Rozas, siendo Administrador Apostólico, y desde que es nombrado Arzobispo de Madrid no deja de preocuparse por sus proyectos, buscando solución a los problemas. Así en el año 1972, dispuso la construcción del nuevo pabellón de clases, apostó por su continuidad, y por su línea educativa y estuvo presente en celebraciones con profesores, alumnos y familias. El Cardenal Suquía, desde el primer momento de su llegada a Madrid nos tiene presentes y nos manifiesta su estima y cariño.

(Recensión del prólogo del libro “ROZAS, XXV años ayudando a crecer 1964-1989”). Si te interesa algún ejemplar, consulta en la Secretaría del Colegio.